miércoles, 28 de diciembre de 2011

The Final Hour.mpg



Video de nuestra adaptación libre, de los sufrimientos del personaje principal en el poema "El Cuervo" de Edgar Allan Poe.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe era hijo de Elizabeth Arlold Poe y David Poe, actores ambulantes de teatro, quienes lo dejaron huérfano a los dos años. Fue educado por John Allan, un acaudalado hombre de negocios de Richmond, y de 1815 a 1820 vivió con éste y su esposa en el Reino Unido, donde comenzó su educación.
Los Allan acogieron al niño, pero nunca lo adoptaron formalmente aunque le dieron el nombre de "Edgar Allan Poe".
Después de regresar a los Estados Unidos, Edgar Allan Poe siguió estudiando en centros privados y asistió a la Universidad de Virginia, pero en 1827 su afición al juego y a la bebida le acarreó la expulsión. Abandonó poco después el puesto de empleado que le había asignado su padre adoptivo, y viajó a Boston, donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas.
Se enroló luego en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y obtuvo, por influencia de su padre adoptivo, un cargo en la Academia Militar de West Point, de la que a los pocos meses fue expulsado por negligencia en el cumplimiento del deber.
La miseria y el hambre lo acompañaron, por motivos económicos pronto dirigió sus esfuerzos a la prosa, escribiendo relatos y crítica literaria para algunos periódicos de la época; llegó a adquirir cierta notoriedad por su estilo cáustico y elegante. Debido a su trabajo, vivió en varias ciudades: Baltimore, Filadelfia y Nueva York. En Baltimore, en 1835, contrajo matrimonio con su prima Virginia Clemm, que contaba a la sazón 13 años de edad. En enero de 1845, publicó un poema que le haría célebre: "El cuervo". Su mujer murió de tuberculosis dos años más tarde. Aún hundido en la desolación, el autor terminó, en 1849, el poema "Eureka". Con la muerte de Virginia, la vida de Poe se vino abajo.
Falleció el 7 de octubre de 1849. Sus últimas palabras fueron "que dios ayude a mi pobre alma".

viernes, 2 de diciembre de 2011

El Cuervo (en español)

Una vez, en una taciturna media noche,
mientras meditaba débil y fatigado,
sobre un curioso y extraño volumen
de sabiduría antigua,
mientras cabeceaba, soñoliento,
de repente algo sonó,
como el rumor de alguien llamando
suavemente a la puerta de mi habitación.

>> Es alguien que viene a visitarme - murmuré
y llama a la puerta de mi habitación.
Sólo eso, nada más. <<

Ah, recuerdo claramente
que era en el negro Diciembre.
Y que cada chispazo de los truenos hacía
danzar en el suelo su espectro.
Ardientemente deseaba la aurora;
vagamente me proponía extraer
de mis libros una distracción para mi tristeza,
 para mi tristeza para mi Leonor perdida,
la rara y radiante joven
a quien los ángeles llamaban Leonor,
para quien, aquí, nunca más habrá nombre.

Y el incierto y triste crujir de la seda
de cada cortinaje de púrpura
me estremecía, me llenaba
de fantásticos temores nunca sentidos,
por lo que, a fin de calmar los latidos
de mi corazón, me embelesaba repitiendo:
>> Será un visitante que quiere entrar
y llama a la puerta de mi habitación.
Algún visitante retrasado que quiere entrar
y llama a la puerta de mi habitación.
 Eso debe ser, y nada más <<.

De repente, mi alma, se revistió de fuerza;
y sin dudar más
dije:
>> Señor, o señora,
 les pido en verdad perdón;
pero lo cierto es que me adormecí y
habéis llamado tan suavemente
y tan débilmente habéis llamado
a la puerta de mi habitación
que no estaba seguro de haberos oído <<.

Abrí la puerta.

Oscuridad y nada más.


Mirando a través de la sombra,
estuve mucho rato maravillado,
extrañado dudando, soñando más sueños que
ningún mortal se habría atrevido a soñar,
pero el silencio se rompió
y la quietud no hizo ninguna señal,
y la única palabra allí hablada fue
la palabra dicha en un susurro >>¡Leonor!<<.

Esto dije susurrando, y el eco respondió
en un murmullo la palabra >>¡Leonor!<<.
 Simplemente esto y nada más.

Al entrar de nuevo en mi habitación,
toda mi alma abrasándose,
muy pronto de nuevo, oí una llamada
más fuerte que antes.

>> Seguramente -dije-, seguramente es
alguien en la persiana de mi ventana.
Déjame ver, entonces, lo que es,
y resolver este misterio;
que mi corazón se calme un momento
y averigüe este misterio.
 ¡ Es el viento y nada más.<<


Empujé la ventana hacia afuera,
cuando, con una gran agitación
y movimientos de alas
irrumpió un majestuoso cuervo
de los santos días de antaño.
No hizo ninguna reverencia;
no se paró ni dudó un momento;
pero, con una actitud de Lord o de Lady,
trepó sobre la puerta de mi habitación,
encima de un busto de Blas,
encima de la puerta de mi habitación.
 Se posó y nada más.


Entonces aquel pájaro de ébano,
induciendo a sonreír mi triste ilusión
a causa de la grave y severa
solemnidad de su aspecto.
>> Aunque tu cresta sea lisa y rasa
-le dije-, tú no eres un cobarde <<.

Un torvo espectral y antiguo cuervo,
que errando llegas de la orilla de la noche.

Dime: >> ¿Cual es tu nombre señorial
en las orillas plutónicas de la noche?
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

Me maravillé al escuchar aquel desgarbado
volátil expresarse tan claramente,
aunque su respuesta tuviera
poco sentido y poca oportunidad;
porque hay que reconocer
que ningún humano o viviente
nunca se hubiera preciado de ver
un pájaro encima de la puerta de su habitación.
 Con un nombre como >> Nunca más <<.

Pero el cuervo, sentado en solitario
en el plácido busto, sólo dijo
con aquellas palabras, como si con ellas
desparramara su alma.

No dijo entonces nada más,
no movió entonces ni una sola pluma.
Hasta que yo murmuré: >> Otros amigos
han volado ya antes <<.

En la madrugada me abandonará,
como antes mis esperanzas han volado.
Entonces el pájaro dijo: >> Nunca más <<.

Estremecido por la calma,
rota por una réplica tan bien dada,
dije: >> Sin duda <<.
Esto que ha dicho
es todo su fondo y su bagaje,
tomado de cualquier infeliz maestro
al que el impío desastre
siguió rápido y siguió más rápido
hasta que sus acciones fueron
un refrán único.

Hasta que los cánticos fúnebres
de su esperanza, llevaran la melancólica carga de
>> Nunca - nunca más <<.

Pero el cuervo, induciendo todavía

mi ilusión a sonreír,

me impulsó a empujar de súbito

una silla de cojines delante del pájaro,

del busto y la puerta;

entonces, sumergido en el terciopelo,

empecé yo mismo a encadenar

ilusión tras ilusión, pensando

en lo que aquel siniestro pájaro de antaño

quería decir al gemir >> Nunca más <<.



Me senté, ocupado en averiguarlo,

pero sin pronunciar una sílaba

frente al ave cuyos fieros ojos, ahora,

quemaban lo más profundo de mi pecho;

esto y más conjeturaba,

sentado con la cabeza reclinada cómodamente.

Tendido en los cojines de terciopelo

que reflejaban la luz de la lámpara.

Pero en cuyo terciopelo violeta,

reflejando la luz de la lámpara,

ella no se sentará ¡ ah, nunca más!



Entonces, creo, el aire se volvió

más denso, perfumado por un invisible incienso

brindado por serafines cuyas pisadas

sonaban en el alfombrado.

>> Miserable -grité-. Tu dios te ha permitido,

a través de estos ángeles te ha dado un descanso.

Descanso y olvido de las memorias de Leonor.

Bebe, oh bebe este buen filtro,

y olvida esa Leonor perdida.

El cuervo dijo: >> Nunca más <<.



>> Profeta -dije- ser maligno,

pájaro o demonio, siempre profeta,

si el tentador te ha enviado,

o la tempestad te ha empujado hacia estas costas,

desolado, aunque intrépido,

hacia esta desierta tierra encantada,

hacia esta casa tan frecuentada

por el honor. Dime la verdad, te lo imploro.



¿ Hay, hay bálsamo en Galad? ¡Dime,

dime, te lo ruego ! <<.

El cuervo dijo: >> Nunca más <<.



>> Profeta -dije-, ser maligno,

pájaro o demonio, siempre profeta,

por ese cielo que se cierne sobre nosotros,

por ese dios que ambos adoramos,

dile a esta pobre alma cargada

de angustia, si en el lejano Edén

podré abrazar a una joven santificada

a quien los ángeles llaman Leonor,

abrazar a una preciosa y radiante

doncella a quien los ángeles llaman Leonor <<.

El cuervo dijo: >> Nunca más <<.



>> Que esta palabra sea la señal de nuestra separación,

pájaro o demonio - grité

incorporándome.

¡ Vuelve a la tempestad

y la ribera plutoniana de la noche!

No dejes ni una pluma negra como prenda

de la mentira que ha dicho tu alma.

¡ Deja intacta mi soledad!

¡ Aparta tu busto de mi puerta!

¡ Aparta tu pico de mi corazón,

aleja tu forma de mi puerta! <<.

El cuervo dijo: >> Nunca más <<.



Y el cuervo sin revolotear, todavía posado,

todavía posado,

en el pálido busto de Palas

encima de la puerta de mi habitación,

sus ojos teniendo todo el parecido

del demonio en que está soñando,

y la luz de la lámpara que le cae encima,

proyecta en el suelo su sombra.

Y mi alma, de la sombra que yace flotando

en el suelo no se levantará...

¡ Nunca más !

martes, 22 de noviembre de 2011

"El Cuervo" / Edgar Allan Poe

Como Grupo de trabajo analizaremos el Poema de Edgar Allan Poe "El Cuervo" que fue publicado por primera vez en 1845 y constituye su composición poética más famosa.